 Clic para aumemtar Tener la posibilidad de predeterminar el sexo de un hijo ha sido una de las ambiciones del ser humano, desde los inicios de la creación. En las sociedades primitivas, predominantemente machistas, el tener un hijo varón representaba la continuidad del apellido y el honor familiar.
Mientras que en ciertas sociedades predominantemente feministas, el tener una hembra permitía cumplir con las normas establecidas para la comunidad.
En La Antigua Grecia el filósofo Anaxágoras, 500 a. de C., afirmaba que los espermatozoides del testículo derecho eran los que producían varones y que los del izquierdo daban lugar a descendencia femenina, de tal manera que amarrándose uno de los testículos, antes de la relación, se podía predeterminar el sexo...
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 Clic para aumentar Han sido muchos los intentos para determinar el sexo basado en que hay dos tipos de espermatozoides, el X que produce hembra y el Y que produce varón, mientras que los óvulos de la mujer son todos X.
La unión del óvulo X con un espermatozoide Y, da origen a un varón XY; mientras que la unión del óvulo X con un espermatozoide X, da una hembra XX. Por tanto, es el hombre el que confiere el sexo al nuevo ser.
La posibilidad de escoger el sexo de su próximo hijo se puede basar en las características de los espermatozoides, lo que ha permitido desarrollar técnicas que permiten diferenciar los masculinos de los femeninos.
Con estas técnicas, se prepara el semen del sexo deseado y se realiza una inseminación artificial, que consiste en introducirlo en el útero en el momento de la ovulación.
Con este procedimiento se han señalado tasas de éxito que varían entre 60% y 90%, dependiendo del sexo deseado y método utilizado...
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